Andalucía estrena medición educativa con criterios ESG
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Durante años, el debate educativo en España miró sobre todo a leyes y resultados. Sin embargo, hoy se abre una vía nueva: medición educativa ESG. Por primera vez, se evalúa la educación con criterios ambientales, sociales y de gobernanza. Así, el análisis va más allá de las notas. También permite medir el impacto real de los centros en su entorno. En este marco, Andalucía lidera la apertura pública de este modelo pionero.
El avance llega con el informe Education ESG Impact Index, titulado “El impacto invisible de la educación”. Lo impulsan la Universidad Pablo de Olavide (UPO) y EducAcción. Además, participa su cátedra con la Universidad Autónoma de Madrid. Y cuenta con la colaboración de la Fundación Unicaja. El estudio propone una nueva lectura de la calidad educativa. No se centra solo en rendimiento académico. También analiza el retorno que un centro genera en personas, comunidad y sociedad.
Desde la UPO se defiende la investigación con impacto social y proyección nacional. Laura Gómez, vicerrectora de Cultura y Políticas Sociales, destaca que la educación es una palanca de cambio real. En la misma línea, Santiago Atrio, director de la Cátedra EducAcción, habla de rendición de cuentas con más alcance. Es decir, no basta con saber cuánto se invierte. También importa el retorno social, ambiental y de gobernanza que produce la escuela. Por su parte, Sonia Díez, presidenta de la Fundación EducAcción, insiste en medir más allá del marketing. Según explica, hacía falta una narrativa rigurosa y comprensible. Además, subraya el papel del propósito y el factor humano.
El trabajo de campo se apoya en ESGrade, una herramienta creada para el ámbito educativo. Combina inteligencia artificial y criterios ESG adaptados a los centros. Gracias a ello, se hace visible lo que suele quedar fuera de rankings. Por ejemplo, el bienestar, la convivencia y la cultura democrática. También la relación con el entorno, el liderazgo y la coherencia organizativa. María José Gil-Delgado, creadora de ESGrade, afirma que los centros podrán mostrar datos claros y comparables sobre su impacto.
El informe reúne dos equipos universitarios con perfiles complementarios. Uno procede de Educación en la UAM. El otro viene de Empresariales en la UPO. Esta alianza entre educación y economía facilita que los hallazgos sean transferibles. Además, ayuda a pensar cómo escalar mejoras con evidencia. Las conclusiones señalan factores decisivos como gobernanza, clima escolar y sostenibilidad. Jesús Manso, investigador principal, explica que una buena organización activa a la comunidad educativa.
En definitiva, la medición educativa ESG abre una oportunidad estratégica para España. Permite orientar la transformación desde datos y no solo desde opiniones. Y si Andalucía lo aplica en sus centros, puede convertirse en referente y altavoz internacional.
Fuente: Sevilla Buenas Noticias
